Era una mañana lluviosa, el olor a café despertó a Anteo que dormía en la habitación del fondo, mientras Ponte permanecía junto a la ventana observando las gotas que se desprendían del tejado. Una alborada en Paris que prometía viejos recuerdos.
Anteo: Hace cuánto estas frente a esa ventana?... con un tabaco en su mano deja salir una bocanada de humo y continúa, ¿Qué tanto observas hoy?.
Ponte: Ojala todo permaneciera así tan callado...solo escuchando la lluvia que se comunica a través del sonido de sus gotas, ojala permaneciera todo así por más largo tiempo, a veces la gente le huye a la lluvia e intentan escapar de sus presagios, pero a mí me agrada, porque la lluvia trae consigo instantes de vida en cada gota...aquellas gotas nacen para morir y en el mismo instante de su muerte nace otra para darle de beber a la tierra agrietada. ¿Por qué no dura más la noche?, cuando todos duermen y yo puedo vivir...vivir lejos de tanto automatismo y de tantas máscaras...
Anteo: No eres más que un insensato, ya dices cosas sin sentido, como no decirlas si permaneces adormecido viendo y diciendo cada estupidez...
Ponte: jajajajaj...adormecido?, otros son los que permanecen dormidos aun despiertos, aún en actividad, aún andando como maquinas repetidas, como soldaditos de barro de molde imperfecto...
Anteo: Pero te has vuelto loco¡ Adonde quieres llegar¡...al parecer estás delirando...
Ponte: Esto parece un viejo cuadro de Hukosi, de grandes y bellas olas...pero esas olas vibran, crecen, adelgazan y se rompen contra la roca, como las naciones, como los grandes imperios que también se desvanecen.
Anteo: Definitivamente no hay nada que hacer, tú y tus analogías, debo irme a trabajar tengo una exportación pendiente en el viñedo.
Anteo permanece junto a la ventana contemplando el paisaje, perdido en la inmensidad de un espacio infinito. La lluvia se detuvo y una espesa niebla cubrió el paisaje. En ese mismo instante Anteo recordó el cuadro de Caspar David y pensó en esa silueta humana perdida en la niebla, una composición mística que le evocaba diversas sensaciones, como se encontraba él en ese momento, buscando respuestas ante ese paisaje quebrado.
Minutos después alguien toca su hombro. Y se escucha una voz dulce que dice:
-Qué tienes papá?, pareces perdido en el tiempo. Es Zafra una joven de belleza exótica como una de las damas de los cuadros de Gaugin, una mujer mestiza, de ojos expresivos y cabellos oscuros. Nada parecida a Ponte, su madre era una tahitiana que abandonó a Ponte tras no poder lidiar con sus quimeras.
Zafra es una joven hermosa, de rasgos fuertes y belleza particular, estudiante de arte moderno, decidió vivir con su padre ya que quería estar cerca de toda la corriente artística que envuelve Paris, también porque así podía viajar más fácilmente a Alemania e Inglaterra para estudiar el misticismo con la obra de William Blake y de los poetas malditos en Alemania. Conoció la obra del austriaco Rilke gracias a su padre desde entonces es uno de sus predilectos especialmente "Elegías de Duino".
Zafra pregunta nuevamente a su padre que se haya perdido en la niebla tras el cristal de su ventana.
Zafra: Qué haces padre? Qué te sucede? No has dormido bien acaso?.
Ponte: Estoy bien mi vida, no sucede nada, solo ando evocando viejos recuerdos, la noche me torno metafísico y amanecí contemplando y hallando respuestas. Ponte le habla a Zafra si dejar de ver la ventana.
Zafra: Indudablemente los días así son los más provechosos padre. Zafra sonríe como gesto de agrado. Son los más inspiradores. Son los que incitan a grandiosas batallas.
Ponte por fin se aparta de la ventana para acercase a su hija que lo observa desde el sillón, se sienta junto a ella y con una palmadita en su rodilla le responde.
Ponte: Indudablemente hija... Ponte sonríe y agrega...Y a que se dedicará mi perla morena este día.
Zafra: Hoy empezaré un análisis para mi clase de pintura romántica con la obra de Delacroix, encuentro contrastes interesantes y he llegado a varias conclusiones ...Imagínate que hace un par de días estudie las obras de Baudelaire y he llegado a una confrontación asombrosa, mientras que los artistas románticos nacionalistas luchaban por su pueblo, por sus derechos, por la expansión de territorios, Baudelaire en su obra escrita y con su asombrosa poesía caótica nos dirige y nos enseña otra batalla, totalmente distinta a las batallas que se gestaban en el arte de ese periodo, Baudelaire y Rimbaud nos remite a batallas internas, al caos del sentimiento, a la duda. Estos dos personajes en sus obras lidian con guerras interiores, con cruzadas intimas de los oscuros sentimientos de soledad.
El reloj marco las 8 de la mañana, al escuchar sus campanadas, Zafra se percato de que debía salir y que su búsqueda de respuestas debía empezar muy temprano.
Zafra: Padre debo irme, nos veremos en la noche. Este será un día de provecho...
Panteo: Ve mi perla morena, ya has empezado a librar tus propias batallas.
Zafra sale del lugar y Panteo susurra...
Panteo: Nuevamente todos se marchan y yo me quedo aquí habitando mi soledad.
Por Laura Pisciotti.
!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->







